domingo, 6 de marzo de 2011

Breton, André

Breton,André




Breton, André

André Bretón (Francia 1896-1966)

Reseña biográfica

Poeta francés nacido en Tinchebray, Orne, en 1896.

Estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la Iª Guerra mundial, aplicando sus profundos conocimientos de la teoría freudiana. Desde muy joven trabó amistad con importantes figuras intelectuales de Francia convirtiéndose en el gran impulsor del surrealismo y el dadaísmo.

En 1921 publicó su primera obra surrealista, “Los campos magnéticos”, en la que exploró las posibilidades de la hipnosis. Colaboró con Paul Éluard, Louis Aragon y Philippe Soupault en la fundación de la revista Littérature.

En 1922 rompió con el Dadaísmo, se dedicó al automatismo psíquico, publicó en 1924 y 1929 el 1° y 2° manifiestos surrealistas y militó en el partido comunista francés hasta 1935.

A raíz de la IIª Guerra mundial, se radicó en EE.UU. donde fundó en compañía de Marcel Duchamp, Marx Ernst, y David Hare, la revista “VVV”. En 1941 publicó el Tercer manifiesto surrealista. Regresó a Paris en 1946, dedicándose hasta su muerte, en 1966, a mantener vivo el movimiento surrealista.

Su obra poética más importante:

Claro de tierra 1923

La unión libre 1931

El aire del agua 1934

Estados generales 1943

Oda a Charles Fourier 1947

Constelaciones 1959

rosa

Poemas de André Breton:

A la mirada de las divinidades

«Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero.

«Si una mujer desmelenada te sigue no te preocupes.

«Es el azul. No tienes que temer nada del azul.

«Habrá un gran jarro claro en un árbol.

«El campanario del pueblo de los colores disipados

«Te servirá de punto de referencia. Tómate el tiempo,

«Recuérdalo. El oscuro geyser que lanza al cielo los brotes

de helecho

«Te saluda.»

La carta sellada de los tres ángulos de un pez

Pasaba ahora entre la luz de los suburbios

Como una enseña de domador.

Y al permanecer

La bella, la víctima, la que se llamaba

En el barrio la pequeña pirámide de reseda

Se descosía para ella sola una nube semejante

A un saquito de piedad.

Más tarde la blanca armadura

Que vacaba de los cuidados domésticos y demás

Tomando a sus anchas más fuerte que nunca

Al niño en la concha, el que debía ser…

Pero silencio.

Un brasero daba ya presa

En su seno a una encantadora novela de capa

Y espada.

En el puente, a la misma hora,

Así se entretenía el rocío con cabeza de gata.

Con la noche, se perderían las ilusiones.

He aquí a los blancos Padres que regresan de las vísperas

Con la inmensa llave por encima de ellos suspendida.

He aquí a los grises heraldos, por fin he aquí su carta

O su labio: mi corazón es un cuclillo para Dios.

Pero del tiempo que habla, no queda más que un muro

Golpeando en una tumba como un velo podrido.

La eternidad busca un reloj de pulsera

Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero.

Versión de Manuel Álvarez Ortega


rosa


Amor apergaminado

Cuando las ventanas, lo mismo que la mirada del chacal y el deseo, taladran la aurora, unas cabrias de seda me levantan sobre las pasarelas del suburbio. Llamo entonces a una muchacha que sueña en la casita dorada; se une a mí sobre el montón de musgo negro y me ofrece sus labios, que son piedras al fondo de un río presuroso. Velados presentimientos descienden los escalones de los edificios. Lo mejor es huir de los grandes cilindros cuando los cazadores cojean en las tierras destempladas. Si se toma un baño en el muaré de las calles, la infancia regresa a la patria, galga gris. El hombre busca su presa por los aires y los frutos se secan entre las rejas de papel rosa, a la sombra de los nombres desmesurados por el olvido. Las alegrías y las penas se esparcen por la ciudad. El oro y el eucalipto, de igual aroma, atacan los sueños. Entre los frenos y los edelweis sombríos reposan formas subterráneas semejantes a corchos de perfumistas.

De “Claro de tierra”

Versión de Manuel Álvarez Ortega


rosa


Cartero cheval

Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos

belvederes

Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de

tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada

Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu muñeca

Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora

cuando el hombre duerme

Y brechas brillantes se abren en su lecho

Brechas por las que pueden percibirse ciervos de cuernos de

coral en un claro del bosque

Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina

Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren

Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas raíces barométricas

Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas

Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes azules

Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis

Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede sorprender

Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los engranajes singulares

Que busca su lecho con el corredor y la escalera

La escalera se ramifica indefinidamente

Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre

una plaza pública

Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano

Gira sobre sí misma como si fuera a morderse

Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones

como gavetas

Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de espejos

gavetas de escaleras

Gavetas de carne con empuñaduras de cabellos

A la hora precisa en que millares de patos de Vaucanson

se alisan las plumas

Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos

Te sonreíamos nos enlazabas por el talle

Y tomábamos las actitudes según tu placer

Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la mujer

gusta de ver al hombre

Después de haber hecho el amor.

De “Le revolver à cheveux blancs

Versión de César Moro

rosa



Dame joyas ahogadas

Dame joyas de ahogadas

Dos pesebres

Una cola de caballo y una manía de modista

Después perdóname

No tengo tiempo de respirar

Soy un destino

La construcción solar me ha retenido hasta ahora

Y ahora sólo tengo que dejarme morir

Pide el baremo

Al trote con el puño cerrado sobre mi cabeza que suena

Un fanal en donde se abre una mirada amarilla

También se abre el sentimiento

Pero las princesas se agarran al aire puro

Tengo necesidad de orgullo

Y de algunas gotas comunes

Para calentar la marmita de las flores enmohecidas

Al pie de la escalera

Divino pensamiento en el cristal estrellado del cielo azul

La expresión de las bañistas es la muerte del lobo

Tenme por amiga

La amiga de los hogueras y los hurones

Te mira en dos veces

Lee tus penas

Mi remo de palisandro hace cantar tus cabellos…

rosa



De “El aire del agua” 1934

Tus miembros van desplegando a tu alrededor unas sábanas verdes

Y el mundo exterior

Hecho de puntos

No funciona ya las praderas han desteñido los días los campanarios se reúnen

Y el Puzzle social

Entregó su última combinación

Todavía esta mañana esas sábanas fueron apartadas hicieron vela contigo de un lecho prismático

En el castillo revuelto del sauce de ojos de lama

Para el cual con la cabeza abajo

Partí en otro tiempo

Sábanas almendra de mi vida

Cuando te vas el cobre de Venus

Inerva la hoja resbaladiza y sin bordes

Tu gran ala líquida

Se agita entre el canto de las vidrieras

Versión de Manuel Álvarez Ortega


rosa


El águila sexual exulta una vez más…

El águila sexual exulta una vez más va a dorar la tierra

Su ala descendente

Su ala ascendente agita imperceptiblemente los mangos de

la menta picante

Y el adorable desnudarse del agua

Los días están contados tan claramente

Que el espejo ha hecho sitio a un entramado de frondas

No veo del cielo más que una estrella

Alrededor de nosotros sólo existe la leche describiendo su

elipse vertiginosa

De donde la blanda intuición de párpados de ágata ojerosa

Se levanta a veces para clavar la punta de su sombrilla en

el fango de la luz eléctrica

Entonces unas extensiones echan el ancla se despliegan por

el fondo de mi mirada cerrada

Icebergs que irradian los hábitos de los mundos venideros

Nacidos de una partícula de ti de una partícula desconocida

y helada que emprende el vuelo

Tu existencia es el ramo gigante que se escapa de mis brazos

Mal atado abre los muros despliega las escaleras de las casas

Se deshoja en los escaparates de las calles

Con las noticias me voy continuamente con las noticias

El diario es ahora de cristal y si las cartas no llegan ya

Es porque el tren ha sido comido

La gran incisión de la esmeralda que dio origen al follaje

Está cicatrizada para siempre los aserraderos de nieve

cegadora

Y las canteras de carne zumban solas con el primer destello

Invertido en este destello

Adquiero la huella de la vida y de la muerte

En el aire líquido

De “El aire del agua” 1934

Versión de Manuel Álvarez Ortega


rosa


El Marqués de Sade

El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción

De donde había salido

Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos

Sus ojos de doncella

Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda

Tan exclusivamente suyo

Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas

Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas

Que abren una brecha en la noche moral

Por esa brecha veo

Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada

Que se desvanecen

Para permitirme amarte

Como el primer hombre amó a la primera mujer

Con toda libertad

Esa libertad

Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre

Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos

Y acróbatas trágicos

Aferrados al hilo de la Virgen del deseo

De L’air de l’eau

Versión de Aldo Pellegrini

rosa

El penacho

Si solamente hiciera sol esta noche

Si en el fondo de la Ópera dos senos claros y resplandecientes

Compusieran para la palabra amor la más maravillosa capitular viviente

Si el pavimento de madera se abriera sobre la cima de las montañas

Si el armiño mirara con gesto suplicante

Al sacerdote de vendas rojas

Que regresa de la prisión contando los coches cerrados

Si el eco lujoso de los ríos que atormento

Sólo arrojara mi cuerpo en la hierba de París

Que no se hiela en el interior de las joyerías

Por lo menos la primavera ya no me causaría miedo

Si solamente fuera una raíz del árbol del cielo

Por fin el bien en la caña de azúcar del aire

Qué ves tú hermosa silenciosa

Bajo el arco de triunfo del Carrusel

Si el placer gobernara bajo el aspecto de una eterna transeúnte

Estando las Cámaras surcadas sólo por la mirada violeta de los paseos

Qué no daría yo porque un brazo del Sena Se deslizara bajo la Mañana

Que está de todas formas perdida

No me resigno no a las salas acariciantes

Donde suena el teléfono de las multas de la noche

Al partir he prendido fuego a una mecha de cabellos

que es la mecha de una bomba

Y la mecha de cabellos excava un túnel bajo París

Si solamente mi tren Penetrara Por ese túnel

Versión de Manuel Álvarez Ortega


rosa


En tu lugar desconfiaría del caballero de paja…

En tu lugar desconfiaría del caballero de paja

Esa especie de Roger que libera a Angélica

Leitmotiv aquí de las bocas del metropolitano

Dispuestas en hilera en tus cabellos

En una encantadora alucinación liliputiense

Pero el caballero de paja el caballero de paja

Te sienta en la grupa y os precipitáis por la elevada alameda

Cuyas primeras hojas perdidas ponen mantequilla en las rosas

rodajas de pan del aire

Adoro esas hojas al igual

Que todo ]0 supremamente independiente que hay en ti

Su pálida balanza

Para calcular violetas

Justamente l0 que se necesita para que se transparente en los más

tiernos pliegues de tu cuerpo

El mensaje indescifrable capital

De una botella que ha conservado mucho tiempo el mar

Y las adoro cuando se amontonan como un gallo blanco

Furioso en la escalinata del castillo de la violencia

En la luz desgarradora en la que ya no se trata de vivir

En el soto encantado

Donde el cazador apunta con un fusil de culata de faisán

Esas hojas que son la moneda de Danae

Cuando me es posible acercarme a ti hasta no verte más

Para abrazar en ti ese sitio amarillo devastado

El más resplandeciente de tu ojo

Donde los árboles vuelan

Donde los edificios comienzan a ser sacudidos por una alegría

de mala ley

Donde los juegos del circo continúan en la calle con lujo

desenfrenado

Sobrevivir

A gran distancia dos o tres siluetas se destacan

Sobre el apretado grupo flamea la bandera de parlamento.

De L’air de l’eau

Versión de Aldo Pellegrini


rosa


Girasol

A Pierre Reverdy

La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano

Caminaba sobre la punta de los pies

La desesperación hacía girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos

Y en el bolso de mano se hallaba mi sueño ese frasco de sales

Que únicamente aspiró la madrina de Dios

Los entorpecimientos se desplegaban como el vaho

En el Perro que fuma

Donde acababan de entrar el pro y el contra

La muchacha sólo podía ser vista por ellos mal y al sesgo

Tenía yo que vérmelas con la embajadora del salitre

O con la curva blanca sobre fondo negro que llamamos pensamiento

El baile de los inocentes estaba en su apogeo

Los farolillos se encendían lentamente entre los castaños

La dama sin sombra se arrodilló en el Pont au Change

Calle Gît-le-Coeur los timbres ya no eran los mismos

Las promesas de las noches por fin se cumplían

Las palomas mensajeras los besos de socorro

Se unían a los pechos de la bella desconocida

Lanzados bajo el crespón de las significaciones perfectas

Una granja prosperaba en medio de París

Y sus ventanas daban sobre la vía láctea

Pero nadie la habitaba aún a causa de los aparecidos

De los aparecidos que como se sabe son más devotos

que los desaparecidos

Algunos como esta mujer aparentan nadar

Y en el amor penetra un poco de su substancia

Ella los interioriza

Yo no soy el juguete de ninguna potencia sensorial

Y sin embargo el grillo que cantaba en los cabellos de ceniza

Una tarde cerca de la estatua de Etienne Marcel

Me hizo un guiño de entendimiento

André Breton me dijo pasa

Versión de Manuel Álvarez Ortega

rosa



Hotel de las centellas

La mariposa filosófica

Se posa en la estrella rosa

Y forma así una ventana del infierno

El hombre enmascarado está siempre de pie ante la mujer desnuda

Cuyos cabellos resbalan lo mismo que de mañana la luz de un farol

que han olvidado apagar

Los sabios muebles preparan la pieza que hace juegos de manos

Con sus rosetones

Sus rayos de sol circulares

Sus moliendas de vidrio

En cuyo interior azulea un cielo con precisión

En memoria del pecho inimitable

Ahora la nube de un jardín pasa por encima de la cabeza del hombre

que acaba de sentarse

Parte por la mitad a la mujer de busto mágico y ojos de Parma

Es la hora en que el oso boreal con gesto de gran inteligencia

Se estira y da cuenta de un día

Al otro lado la lluvia se encabrita sobre los bulevares de una gran ciudad

La lluvia entre la niebla con regueros de sol sobre las flores rojas

La lluvia y el diávolo de los viejos tiempos

Las piernas bajo la nube frutal rodean el invernadero

Sólo se percibe el pulso de una mano muy blanca representado

por dos minúsculas alas

El balancín de la ausencia oscila entre las cuatro paredes

Hendiendo las cabezas

De donde se escapan bandadas de reyes que en seguida se hacen la guerra

Hasta que el eclipse oriental

Turquesa en el fondo de las tazas

Descubre el lecho equilateral de sábanas color de esas flores llamadas

bola de nieve

Los veladores deliciosos las cortinas rasgadas

Al alcance de un librito con estas palabras estampadas

No hay mañana

Cuyo autor lleva un nombre extraño

En la oscura señalización terrestre

Versión de Manuel Álvarez Ortega

rosa



La casa de Yves

La casa de Yves Tanguy

Donde se entra sólo de noche

Con la lámpara-tempestad

Afuera el país transparente

Un adivino en su elemento

Con la lámpara-tempestad

Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Y la tela estampada del cielo

-Vamos, lo sobrenatural al suelo

Con la lámpara-tempestad

Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Con todas las estrellas del infierno

Hecha de lazos y jambajes

Color de cangrejo en el oleaje

Con la lámpara-tempestad

Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Con todas las estrellas del infierno

Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

El espacio encadenado, el tiempo disminuido

Ariana en su aposento-cofrecillo

Con la lámpara-tempestad

Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Con todas las estrellas del infierno

Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

Con las crines sin fin del argonauta

El servicio está a cargo de falenas

Que se cubren los ojos con telas

Con la lámpara-tempestad

Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Con todas las estrellas del infierno

Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

Con las crines sin fin del argonauta

Con el moblaje fulgurante del desierto

Allí Se mata allí se cura

Y sin tapujos se conspira

Con la lámpara-tempestad

Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Con todas las estrellas del infierno

Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

Con las crines sin fin del argonauta

Con el moblaje fulgurante del desierto

Con las señales que intercambian los amantes desde lejos

Ésa es la casa de Yves Tanguy.

De “Poèmes”

Versión de Aldo Pellegrini

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La muerte rosa

Los pulpos alados guiarán por última vez la barca cuyas

velas están hechas de ese solo día hora a hora

Es la velada única tras la cual sentirás subir por tus cabellos

el sol blanco y negro

De los calabozos rezumará un licor más fuerte que la muerte

Cuando se la contempla desde lo alto de un precipicio

Los cometas se posarán suavemente en los bosques antes

de fulminarlos

Y todo pasará dentro del amor indivisible

Si el motivo de los ríos nunca desaparece

Antes de que sea completamente de noche observarás

La gran pausa de la plata

Sobre un pescador en flor aparecerán las manos

Que escribieron estos versos y que serán husos de plata también

Y también golondrinas de plata sobre el oficio de la lluvia

Verás el horizonte abrirse y de pronto habrá acabado el

beso del espacio

Pero el miedo ya no existirá más y los cristales del cielo y del mar

Volarán por el viento con más fuerza que nosotros

Qué haré yo con el temblor de tu voz

Sonríe danzarina alrededor del único lustro que no caerá

Trampa del tiempo

Subiré los corazones de los hombres

Para una suprema lapidación

Mi hambre dará vueltas como un diamante demasiado tallado

Trenzará los cabellos de su hijo el fuego

Silencio y vida

Pero los nombres de los amantes se olvidarán

Como la adónica gota de sangre

En la luz enloquecida

Mañana engañarás a tu propia juventud

A tu gran juventud luciérnaga

Los ecos solos harán moldes de todos los lugares que existieron

Y en la infinita vegetación transparente

Te pasearás con la celeridad

Que se pide a los animales de los bosques

Acaso te desgranes entre mis despojos

Sin verlos lo mismo que uno se arroja sobre un arma fluctuante

Pero yo perteneceré al vacío semejante a los Peldaños

De una escalera cuyo movimiento se llama muy penoso

Para ti los perfumes desde entonces los perfumes prohibidos

Lo angélico

Bajo el musgo esponjoso y bajo tus pasos que no existen

Mis sueños serán vanos y formales como el rumor de los

párpados del agua en la sombra

Me introduciré en los tuyos para sondear la profundidad

de tus lágrimas

Mis llamadas te dejarán dulcemente vacilante

Y en el tren hecho de tortugas de hielo

No tendrás que tirar de la señal de alarma

Llegarás sola a esta playa perdida

Donde una estrella descenderá sobre tus equipajes de arena

Versión de Manuel Álvarez Ortega